Una reflexió sobre la injustícia

Fa uns dies, vaig rebre una pregunta molt interessant que deia el següent:

He llegit una reflexió teva titulada “La injustícia no existeix” i que comparteixo majoritàriament. Ara bé, segons la teva opinió, un nen/a que ha patit abusos sexuals o a qui li detecten diabetis del tipus 1 i que serà un malalt tota la seva vida… no és quelcom injust?

Vull compartir amb vosaltres la resposta que li vaig donar, ja que penso que pot ser útil a més persones. Per mantenir la integritat de la conversa, us transmeto textualment la meva resposta:

Lo que me preguntas es interesante y, como es lógico, no tengo ni idea. Solamente tengo mi opinión que, por supuesto, no tiene porqué ser la verdad.

De hecho, hace años que intento (con mayor o menor éxito) renunciar a tener razón para poder mirar la realidad con el mínimo de apriorismos.

Preguntas si no es injusto que un niño tenga diabetes 1.

No veo la diferencia entre que sea un niño/a o una persona de 60 años. ¿Acaso las personas que no son niños, no tienen la misma dignidad que ellos? ¿Es que acaso un niño/a es mejor o superior a un humano no-niño?

Creo que no.

Por otra parte, tener diabetes no me parece algo injusto, sino algo lógico cuando el cuerpo se estropea. Del mismo modo que es lógico que haya goteras cuando se rompe una cañería. Si eso sucede, no me parecerá «injusto», aunque sí incómodo y desagradable.

Lo justo se contrapone muchas veces con lo injusto. ¿Y qué sería lo injusto? Pues algo que, pudiendo ser bueno, fuera, a propósito, peor.

Y eso que he descrito es imposible.

Cada persona hace lo que puede en función de lo que sabe. Lógicamente, si viésemos la vida de una forma diferente, actuaríamos de otro modo. Pero mientras la veamos  así, no podremos actuar distinto.

También el cuerpo funciona de un modo concreto. Soñar que pueda funcionar de un modo distinto sería engañarnos. Lo mismo que presuponer que el mundo debe funcionar diferente simplemente porque a mí me disgusta o me duele. La nieve siempre será fría, el fuego siempre quemará y el agua siempre será mojada.

Llamar injusta a la vida porque el agua moja es pensar que podría no mojar. No tiene sentido.

Pensar que el cuerpo no enfermará es ignorar cómo funciona el cuerpo. Hay cuerpos que se enferman más y otros menos. No es algo de justicia o injusticia, sino algo biológico.

¿Qué diferencia hay entre una diabetes en un niño y en una mujer de 80 años? ¿Qué diferencia hay entre una muerte y otra?

Ninguna. La diferencia es mental y todo sufrimiento tiene una única causa: no aceptar la realidad.

Si no aceptas la muerte o la enfermedad, sufres. Pero sigue sucediendo. No es nada personal. No es justo, ni injusto. Confundimos nuestros deseos con la justicia.

Podemos decidir no aceptarla (e, incluso, llamarla injusta), pero eso no la hace cambiar.

Si algo no puede ser diferente a cómo es, no puede ser injusto. Puede que no nos guste, pero no puede ser injusto.

Lo mismo si alguien ha sufrido abusos sexuales (o cualquier otra circunstancia desagradable): si sucedió es porque había las causas previas (alguien con poca capacidad de amar, con odio, alguien herido, un accidente, un virus o lo que sea). No confundamos lo que ocurre con lo que creemos que «debería ocurrir». Solo ocurre lo que pasa y creer que el mundo debería ser como yo quiero es creer que tengo derecho a organizar el universo… ¡y eso me parece un error!

Nuestra misión no es clamar contra lo que ocurre, sino intentar comprender qué ocurre, por qué ocurre y, sobre todo, procurar que nuestro paso por el mundo lo haga mejor. El resto, lo dejo en manos de Dios (o si la palabra te molesta) en manos de la Vida.

Pero ya te digo, no tengo por qué tener razón…

Un abrazo y que tengas un día maravilloso… ¡al margen de lo que ocurra!

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